HIEROFANIA 2.0
La palabra “hierofanía” nombra la manifestación de lo sagrado, no como dogma, sino como aparición. Lo sagrado, en su sentido más profundo, no pertenece a una religión, sino a a esfera de lo que se revela y, al hacerlo, ilumina lo invisible. En la obra de Antonio Tapia, la hierofanía no tiene templo: acontece en la materia del recuerdo. Cada pintura, cada fragmento, es una zona de aparición donde la memoria —en sus formas múltiples, rotas, persistentes— adquiere cuerpo. La exposición que, en este sentido, presenta en el Museo Cristo de la Sangre se despliega como un díptico simbólico: de una parte, la memoria neuronal -aquella que se aloja en el cerebro y que el Alzheimer va desgastando hasta disolver la identidad-; de otra, la memoria familiar o uterina -que no se almacena en neuronas sino en gestos, en herencias afectivas, en imágenes transmitidasde cuerpo en cuerpo-. La primera se pierde por degeneración biológica; la segunda sobrevive porcontagio simbólico. Entre ambas, Tapia construye una zona intermedia: un umbral donde el olvidono significa vacío, sino transformación.
La primera de estas dimensiones discursivas -la que se ha dado en llamar “memoria neuronal”- explora la devastación provocada por el Alzheimer. Este es una enfermedad del tiempo. No destruye de golpe: desgasta, deshila, borra. Tapia se aproxima a esa pérdida no desde la crónica del dolor, sino desde la experiencia del desvanecimiento. En su pintura, el recuerdo no se representa: se disuelve. Los rostros aparecen entre veladuras, como si el color mismo hubiera comenzado a olvidar. La superficie pictórica se convierte en una extensión del cerebro enfermo, en una sinapsis que parpadea, en una neuroarqueología del yo. Esta expresión –“neuroarqueología”- condensa una paradoja: excavar en lo que se desintegra. Tapia actúa como un arqueólogo del olvido, buscando restos de identidad entre capas de pintura que se borran a sí mismas. En esa deriva, el cuerpo deviene archivo degradado, y el cuadro, su sustituto. Cada trazo compone un intento de retención,una resistencia al desvanecimiento.La “memoria neuronal” aparece entonces como una materia viva pero herida. No es una pérdida absoluta, sino una forma de metamorfosis: la memoria se convierte en otra cosa —en pigmento, en silencio, en atmósfera- Tapia transforma el olvido ensustancia visual, y al hacerlo, lo redime.
Frente a la erosión biológica, la “memoria familiar” o “uterina” se erige como una forma de persistencia: se trata de una memoria que no se almacena, sino que se transmite. No necesitasinapsis, sino vínculos. Tapia rastrea esa memoria a través de las mujeres de su linaje: desde su tatarabuela hasta su sobrina, abarcando un siglo y medio de historia íntima. En cada retrato, no sólo se pinta un rostro, sino una continuidad afectiva que resiste a la extinción neuronal. Esta memoria no se hereda por sangre, sino por resonancia. Pasa de un cuerpo a otro como un eco, como una melodía que cambia de voz pero no de tono. Podríamos llamarla genealogía afectiva, o inclusoarchivo uterino -un archivo que no se conserva tanto en documentos cuanto en gestos cotidianos,en miradas, en modos de estar en el mundo. La memoria femenina que Tapia convoca no es biográfica, sino simbólica: una red invisible de transmisión emocional. Cada una de estas mujeres de su familia, aparece rodeada por una constelación de hexágonos vacíos. Son vacíos con forma, ausencias dibujadas. Cada hexágono representa presencias desconocidas —vidas que estuvieron alrededor, pero de las que no quedan nombres ni relatos—. Tapia las llama, sin nombrarlas, a través de su ausencia. Esos hexágonos conforman lo que podría llamarse una constelación de ausencias: un mapa de lo perdido que, paradójicamente, revela una nueva forma de presencia. En su geometría fría, los hexágonos evocan las células de la memoria, los huecos neuronales del Alzheimer, pero también las estructuras sociales invisibles que sostuvieron a esas mujeres: madres, hermanas, vecinas, compañeras.
En la brecha existente entre la “memoria neuronal” y la “memoria familiar”, parece el conceptode hierofanía. Lo sagrado, en Tapia, no es dogma sino revelación: lo que se muestra cuando todo lo demás se borra. En la fractura del recuerdo biológico emerge la memoria simbólica. En la pérdida euronal se abre la posibilidad de una epifanía afectiva. Así, cada retrato se convierte en un punto de intersección entre dos mundos: el de la biología que olvida y el de la imagen que recuerda. La hierofanía es ese instante en el que el vacío —neuronal o familiar— se ilumina, cuando el olvido y la herencia coinciden en una misma forma de aparición.
Pedro Alberto Cruz
Comisario de la exposición
La separación entre mente y cuerpo se llama disociación. Este hecho se da cuando se reduce la atención y dejamos que la imaginación nos desconecte de la realidad del entorno, de la actividad racional. La distracción es beneficiosa para la mente y le ofrece un descanso al estado de alerta, que precisa de un esfuerzo mayor.
La disociación momentánea, mientras sea controlada y breve, es natural y el cerebro la realiza a diario, pero resulta enfermiza cuando se prolonga en exceso o se convierte en un acto involuntario que nos aleja de la realidad, dejando de ser un mecanismo reparador. En caso de situaciones de enfermedad graves con altos niveles de estrés y dificultad, la disociación surge como un mecanismo de ayuda o supervivencia.
El cerebro analítico busca un equivalente en los recuerdos acumulados (el enfermo los ha perdido). Ante el desconocimiento de lo que está sucediendo, se desencadena el mecanismo de defensa frente a un peligro, aumentando los niveles de adrenalina, cortisol, etc., preparando al cuerpo para afrontar lo desconocido, generando miedo, tensión, etc.
Conforme van aumentando los niveles de estrés, se pone en funcionamiento el cerebro emocional buscando comparaciones con otros recuerdos semejantes, intentando determinar si se parece a algo conocido y disminuir así esa ansiedad mediante la secreción de endorfinas, serotonina, etc.
La pareidolia es el mecanismo por el que el cerebro humano busca semejanzas y patrones amiliares en imágenes ambiguas.
Cuando el daño es irreparable, nuestra mente crea mundos disociados y pareidólicos, mundos placebo donde poder sobrevivir. Las enfermedades neurodegenerativas presentan, en muchas ocasiones, estados permanentes de disociación y ausencia.
El efecto placebo es un procedimiento que no actúa contra la enfermedad o contra la condición en la que se emplea, pero produce un cambio positivo sobre la salud de la persona que lo recibe, cambio