XVII SALÓN DE LA CRÍTICA

HOJA DE SALA.

La exposición propone un diálogo crítico entre arte y naturaleza en el marco del Antropoceno. Este término, en palabras de T.J. Demos, viene a definir una nueva era geológica caracterizada por el “impacto […] generado por las actividades coloniales e industriales en los sistemas naturales de la Tierra” (2022), evidenciando al ser humano como agente de un profundo desequilibrio ecológico. Ante lo dicho, afloran las siguientes preguntas: ¿Puede la naturaleza concebirse como un espacio de resistencia? Si es así, ¿cómo resiste? ¿Qué papel tiene la representación a la hora de hacer visible esta nueva era geológica? ¿Qué tiene que decir el arte, en definitiva, en este clima de urgencia? Si, siguiendo a Ernst Van Alphen (2005), el arte siempre es un “agente histórico”, ¿pueden las imágenes aquí reunidas engendrar potencialidades de cambio a la hora de propiciar otras miradas críticas y productivas a este mundo en crisis?.

Las obras que componen la exposición se acercan al Antropoceno desde diferentes puntos de vista. Para empezar, Sofía Tornero y Petrus Borgia –en 1492-1898– nos sitúan el origen de la explotación brutal de la tierra por parte del ser humano en la empresa colonial transoceánica, preludiando la voraz globalización contemporánea. Un estado actual de las cosas cuya ubicuidad y consecuencias fatídicas plasma de manera cruda, en Antropoceno 01, Iván Planes a través del color y el trazo rabioso, haciendo emerger el desolador paisaje de una sociedad sin rumbo. Sin embargo, no todo parece perdido: en Antropo 01, también de Planes, un desgarrador grito parece hacernos despertar y animarnos a actuar. A este respecto, Jaime Barja, en Territorios alterados, muestra, a través de fotografías de objetos abandonados en entornos naturales, no solo una naturaleza ya por siempre transmutada, sino cómo esta preserva la memoria de nuestras acciones. Salvaguardar esta memoria dolorosa es precisamente lo que se propone Desoxigenación de Vázquez Casillas, buscando conservar del olvido las consecuencias catastróficas de la anoxia del Mar Menor del 2019. El espectador es exhortado a tomar partido al ser encarado con las devastadoras huellas de su acción en el ecosistema. Sin embargo, frente a un paisaje desolador, tres obras parecen dibujar un futuro esperanzador. Arroz y conejo, de Alejandro Cerón, promete la recuperación del territorio a través de una familiaridad cotidiana que cuida el entorno a través de la repetición de actos afectivos, humildes pero valiosos. O, en el caso de Candela Carrillo con Seamless, quizás el objetivo pase por devenir piel, membrana de conexión con el mundo exterior, para así envolverlo y dejarnos envolver por él. Como así propone Cintia Gutiérrez Reyes en Ventana, quizás lo que necesitemos sea un lugar para ver con luz transparente y clara a la naturaleza como aliada y, como este elemento arquitectónico promete, devenir sujetos porosos en comunión con el afuera. Este quizá sea el único antídoto para unos tiempos y espacios en emergencia.

Julia Alarcón Luna y Javier Jiménez-Leciñena

Comisarios